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April 19 Paisaje industrialEl mes pasado me acerqué a Bilbao para ver la exposición "Art in the USA: 300 años de innovación" y una obra allí expuesta me recordó la portada de una vieja revista que tenía por casa, en la que se reproducía el óleo "Montgat", de Raimon Sunyer, fechado en 1988. Nada tienen que ver ambas obras pero por una libre asociación de ideas las relacioné. La obra en cuestión es "Buffalo Grain Elevators", de 1937.
Ralston Crawford (1906-1978). “Ascensores de grano de Buffalo (Buffalo Grain Elevators)”, 1937. Cuando regresé a casa rebusqué por toda ella hasta lograr encontrar la vieja revista. Se trata de "Serra d'Or", nº 349, diciembre de 1988. En su interior encontré un pequeño comentario en catalán que aprovechando una mañana libre traduzco, corto y pego en esta pequeña pizarra. "En tiempos en que la pintura --y casi todas las artes-- se ha convertido en fáciles exhibicionismos, deslumbrantes pirotecnias o agresivos exabruptos, reconforta topar con la voz --con la mano o el color, quiero decir-- de algún artista para quien aún la pintura es un gesto amoroso, un chorro de incesantes caricias, un trabajo largo y paciente, una búsqueda de la pasión y la exactitud, un diálogo con sí mismo y con el expectador. Frente, pues, de la estridencia y el absurdo deseo de sorprender de todas formas, Raimon Sunyer nos propone una pintura hecha de suaves modulaciones, de fluctuantes matices, de profunda compensación y simpatia --en el sentido griego del término-- hacia la realidad, las cosas y las personas, o sea, a lo que San juan de la Cruz, Luis Cernuda o Frederic Mompou van a osar llamar "música callada". Raimon Sunyer. "Montgat" 1988 Ya sea envolviendo de luz dorada las desiertas naves de unas fábricas decrépitas y polvorientas, ya sea vistiendo de horas y silencio alguna de las "casas con grandes árboles" de Tiana, o bien concentrando toda la atención en unos pocos objetos y utensilios caidos en desuso --los cuales parecen adquirir sentido a fuerza de no servir ya para nada más--, la pintura de Raimon Sunyer siempre me produce la misma impresión: detrás del lienzo se esconde una voz discreta y retirada, una voz que ha optado por hacer su camino al margen de modas e histrionismos, una voz que sabe que en arte la mejor velocidad es la lentitud; la mejor consejera, la fidelidad a uno mismo. Para no extenderme casi más, yo diría que, tras los cuadros de Raimon Sunyer, lo que se esconde es un poeta, un poeta de trazo silencioso del color y la forma, alguien con una profunda sensibilidad que se apropia del mundo que le envuelve, lo recrea y nos lo devuelve bajo los efectos de una luz diferente, la de sus ojos, pues si el poeta es fundamentalmente una voz, el pintor es fundamentalmente unos ojos. Todo verdadero artista sabe, sin embargo, que una voz y unos ojos, cuando se abocan a escuchar los ecos de su propio corazón, acaban encontarndo lo mismo: el enigma de la realidad, que siempre ha sido lo más dificil de descifrar. A.S. TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://raddle1954.spaces.live.com/blog/cns!DD655E0BA3D81A83!309.trak Weblogs that reference this entry
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